Reconstruir la dignidad con poesía: Ayer terminará mañana de Santiago Sepúlveda

ayer-terminarc3a1-mac3b1ana.jpgHace un poco más de veinticuatro horas terminé de leer la primera novela de un escritor bogotano que se arriesgó a tratar ese espinoso, poético y casi desconocido episodio de la Conquista en Colombia: el suicidio colectivo de algunas tribus indígenas que se rebelaron ante la espada española. Resulta potente retomar este hecho desde la ficción, desde una narrativa fragmentaria y diversa como el mestizaje, y que así como este, vuelve a una raíz común. Los protagonistas, cuatro en total, que parecen estar en tiempos diferentes, y que de hecho se cuentan en tiempos verbales diferentes, son parte de un mismo espectro emocional, de una misma huida, de una misma búsqueda de dignidad, de un mismo territorio que los identifica al punto de hacerlos una misma persona. Bella metáfora de lo que interpreto como la búsqueda de identidad que se hereda al conocer la historia de este país, ¿quiénes somos?, ¿qué tipo de mestizos queremos ser?, ¿a quiénes se olvidó detrás de tanta sangre?

La novela tiene además apartados en los que el autor habla en primera persona sobre el proceso de la escritura desde un café bogotano en el que los meseros, los solitarios y las tardes cálidas se dejan husmear en una prosa muy dudosa a fuerza de su cercanía a la poesía. Debo confesar que me costó un poco de esfuerzo entrar en la historia, dejarme caer en los acontecimientos, precisamente por estos momentos poéticos que me hacían pensar más en las imágenes que evocan, que en lo que sucede en la historia. Sin embargo, poco a poco, fui comprendiendo, sobre todo, dejándome conmover por esa observación atenta y detallada del mundo que transita de un tiempo a otro, que se “unta de caminos” y que abraza con la mirada.

Ayer terminará mañana es una apuesta por reconstruir creativamente la historia de la Conquista, por mostrar sin juzgar toda la crueldad que costaron el idioma, la religión, la civilización, y todas las bondades que durante tanto tiempo se han atribuido a los españoles; asimismo, es una dignificación de los indígenas, que son contados como seres humanos con motivaciones, deseos, gustos estéticos, tan parecidos a uno. Es por esto que la novela trasciende la humillación histórica de los pueblos aborígenes, que han merecido pocas reconstrucciones de este tipo en el arte, pues con dificultad han dejado de tener un carácter de objeto antropológico o de no humanos.

En diez capítulos, numerados con nuestros conocidos caracteres arábigos y también con los números del Muysccubun,  se camina por el Peñón del Sutatausa, se observan mariposas de varios colores, se trepan árboles, se suda, se sangra y se vive como si el ayer fuera este mismo presente que nos convoca a la lectura.

 

 

Publicado por Philiangelus

Me invade una sensibilidad torpe e imponente. Siento que todas las raíces me pertenecen, pero no dejo de sentirme extranjera. Por eso sigo buscando: el extravío es mi hoja de ruta. Como lema: amar profundamente, recordando que en la vida, como en la música, cada segundo cuenta, así solo se perciba silencio.

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